Ciudad Victoria, Tamps. a Domingo, 20 de Mayo de 2012

El reportero de Tamaulipas

DESGARRADOR RELATO :“SU VIDA SE ESCAPO ENTRE MIS MANOS”

Llora… Tiene en su mente como la vida de Juan Alfredo Gómez Rojas...

Anibal Martínez

Viernes, 18 de Septiembre de 2009

Foto: elreporterodetamaulipas.com

N.R. En este trabajo se omite el nombre, domicilio, lugar de trabajo y fotografía del entrevistado, a fin de proteger su identidad. Se respeta su decisión y se cumple con el compromiso contraído al solicitarle esta entrevista.

Llora… Tiene en su mente como la vida de Juan Alfredo Gómez Rojas, quien estaba a punto de cumplir los 16 años, se le fue entre sus manos.

En los medio no apareció su actitud heroica, pero a él eso le vale.

El destino lo puso en la calle Conrado Castillo y Eje Vial aquel sábado

5 de Septiembre, aproximadamente a las 17:30horas PM. Lo que vivió fue realmente trágico.

Era una tarde inusual en nuestra ciudad. Había llovido a cántaros, tanto que el canal pluvial vomitaba agua. La fuerza de la corriente era increíble. Hacía mucho tiempo que no se presentaba una lluvia de esa magnitud.

“De repente veo que de la Calle Conrado Castillo salen unos niños corriendo. Juegan con la lluvia. Uno de ellos deja la bicicleta ,entre la calle y el dren pluvial. Todos corren a ver el canal”, comenta.

Observa que uno de ellos se desprende del grupo. Los deja y enfila hacia el sur. Los compañeros le gritaban que se regresara. El siguió corriendo.

“Luego sus amigos le comenzaron a gritar que no. Que no se lanzara al canal. El grupo era una sola voz”…

Nuestro entrevistado hace silencio. Se lleva su mano derecha al rostro. Está muy serio.

“Luego el muchachito se lanzó a las turbulentas aguas y ahí comenzó su martirio”, relata.

Recuerda muy bien como los niños comenzaron a correr y gritaban: “¡ahí va, ahí va! y pedían ayuda”.

Dice que no lo pensó dos veces y en cuestión de segundos ya estaba sobre una loza que existe en esa parte del canal.

“Yo no sé como llegué tan rápido. Pero mis manos ya  lo estaban sujetando”.

Su acción evitó que Juan Alfredo  fuera “tragado” por las aguas.

Me explica que inicialmente colocó sus dos pies hacia el frente.

“Pero luego tuve que poner un pie adelante y otro hacia atrás. De esa manera tenia más fuerza para detenerlo”.

Me muestra como lo hizo. Luego veo la profundidad del canal. En ese sector ya tiene unos 3 metros de hondo.

“A veces el torrente aumentaba, me tapaba, pero nunca lo solté. Resistíamos los dos. El me decía que no lo soltara. Que no lo dejara morirse ahogado”.

Hace una pausa. Traga saliva, y dice: “si el auxilio hubiera llegado rápido el muchachito estaría vivo. Tardó mucho en llegar”.

“Así lo tuve como media hora. Lo sujetaba con gran fuerza. Él me insistía en que lo ayudara. Esas palabras me daban más fuerza para no caer derrotado”.

Cuenta que el jovencito no moría, porque a veces las olas bajan y podía respirar.

“Pero después de 25 minutos se vino una crecida. La cabeza quedò bajo las aguas, como 50 centìmetros.”

Vuelve ha hacer una larga pausa.

“¡Chingao… puta madre!... Sus manos dejaron de luchar. Ya no se aferraban a las mías. Simplemente me soltó… Me caga… se murió entre mis manos. Me destrocé y maldecía la falta de ayuda. Ahí comencé a gritar para suplicar que vinieran a apoyarme. No sé quien lo hizo pero yo me retiré. No era mi familiar, tampoco lo conocía. Pero el dolor sigue siendo terrible. Nunca lo voy a poder quitar de mi mente. Era casi un niño. Si la ayuda hubiera llegado a tiempo…

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